domingo, 27 de mayo de 2018

Tiempo de silencio

Ni libros (busqué consuelo en las Meditaciones de Marco Aurelio, pero fue inútil y aun perjudicial; extrañamente, solo hallé en ellas una especie de angustia fría y homicida), ni música, ni cine, ni siquiera tebeos (incapaz de leer El Incal). Nada excepto este reconcome, estos pensamientos obsesivos, estos rituales demenciales y auténticamente criminales. Se sabe que todo esto pasará, porque sencillamente no se puede vivir así y yo debo seguir viviendo; estoy, estamos todos obligados a ello. Pasará, digo yo, como pasa todo en la vida. Y dentro de algún tiempo nos preguntaremos qué era aquello y por qué nos angustiaba tanto. La mejor perspectiva siempre la obtenemos situándonos más allá del hoy y del mañana inmediato; no desde el aquí y el ahora, sino desde donde quiera que estemos (física y emocionalmente) dentro de algunos años... Y ya basta, ¡o acabaré pareciéndome a Marco Aurelio! En el fondo solo quería saludar.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Cuchillo que no corta / quiero ser rentista

Abandonar una vieja (y apolillada) amistad como quien cierra un negocio ruinoso al cabo de muchos años de darle coba inútilmente. Sensación de descanso, de profundo alivio, de enfermedad superada (enfermedad un tanto vergonzante, todo sea dicho). Único error que me reconozco: haber dado a entender que mi paciencia era infinita, cuando en realidad podía acabarse en cualquier momento.

Leo en El cuaderno gris de Josep Pla: "Me gustaría tener dinero, porque el dinero es la libertad, sobre todo en nuestro país; pero no el dinero cuya administración me hiciese perder demasiado tiempo o me produjese una forma de angustia triste y estéril." Se trata, en definitiva, del dinero del pequeño rentista. Heredar media docena de pisos y ponerlos a rentar, no tener que realizar otro esfuerzo que el de telefonear de vez en cuando al fontanero o al abogado de la familia –en eso o en algo parecido debe de consistir la libertad, que es, permítaseme la perogrullada, la base de cualquier felicidad imaginable. Una rentita segura, suficiente, y lo demás ya es cosa de uno (azares aparte).