miércoles, 27 de enero de 2010

LE BASTA SU AFÁN

En el despacho hago inventario de las pequeñas amarguras y de los minúsculos éxitos de los últimos días. La desconfianza del cliente atrae la mala suerte (pienso ahora en la agria conversación telefónica que tuve ayer con X), y es muy posible que, por culpa de su propia desconfianza, el cliente pierda el pleito. Otras veces, el optimismo no siempre fundado del cliente lo conduce como una exhalación a la victoria, aun a pesar del escepticismo (generalmente bien fundado) del abogado. El éxito o el fracaso vienen casi siempre precedidos de un determinado estado de ánimo que propicia lo uno o lo otro.
Y los éxitos: asuntos nuevos que despiertan mi interés; sobres que contienen razonables cantidades dinero (los billetes, tersos y fragantes, parecen recién salidos de la imprenta). Pero todo esto, pequeñas amarguras, modestos éxitos, se da en medio de un estado de indefinición que me impide realizar predicciones a medio plazo; estado de indefinición, como yo lo llamo, que parece destinado a perpetuarse y al que para mi tranquilidad ya me he acostumbrado, hasta el punto de que he hecho mío el hermoso lema del Nuevo Testamento: a cada día le basta su afán.

No hay comentarios: